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ÉTICA Y DERECHOS HUMANOS. EL CAMINO CONTRA LA CORRUCIÓN. VARIACIONES Y MISTERIOS DE LAS INICIALES

  por JUAN ANTONIO TRAVIESO

"En estudios recientes se ha determinado que altos niveles de corrupción están asociados a bajos niveles de inversión y crecimiento."

1.- Preguntas y certidumbres: Los conceptos 

Siempre es bueno interrogarse. Los que tienen certidumbre de todo son muy oscuros y opacos. En sí misma esta afirmación es complicada. Y aquí surge la pregunta: ¿Por qué el derecho y la ética se relacionan?

Nos proponemos responder a través de una explicación tipo zig-zag.

Quizás la base puede ser develar el verdadero fundamento de los derechos humanos, dentro de la distinción entre derecho y moral. Para ello deberíamos referenciar una obra gigante de los derechos humanos maximalistas de un autor , que solo mencionare por sus iniciales: D.H.

Quizás deberíamos insistir en los conceptos de los derechos humanos como derechos naturales, desde el punto de vista jusnaturalista o positivista para fundamentar una posición determinada. Es evidente que la posición jusnaturalista, que entiende a los derechos humanos como inherentes al ser humano, anteriores y superiores a las legislaciones escritas y a los tratados entre los Estados y la comunidad internacional, no pueden otorgar sino reconocer y sancionar como universalmente valederos a los mencionados derechos humanos, dentro de un esquema de tipo dualista. Eso significa, por una parte el derecho natural, y por la otra el derecho positivo, que debe corresponderse al primero como un pie a un zapato.

Por lo tanto, los derechos humanos, desde este punto de vista, serían entendidos como derechos naturales, preexistentes a las normas jurídicas positivas que lo único que hacen es reconocer, garantizar y promover.

No puede negarse la influencia del jusnaturalismo en la generación de los derechos humanos en la sociedad occidental. La elaboración doctrinal de los derechos naturales por parte del jusnaturalismo racionalista de los siglos XVII y XVIII ha tenido una gran influencia en los derechos humanos tal como se presentan en la actualidad. Siempre reconocemos y somos deudores de la fuerza de esos principios en las civilizaciones hebrea, griega, romana, en la Edad Media, etc. Mencionar con un "etc" abre un campo inmenso que no queremos abandonar.

Algunos autores, como Gregorio Robles, han reconocido que la teoría de los derechos humanos se enmarca necesariamente en la corriente del pensamiento jusnaturalista, reconociendo que después de la crítica del positivismo jurídico, la teoría de los derechos humanos ha perdido su "justificación epistemológica".

Existe también una concepción historicista de los derechos humanos. Dino Pasini ha expresado que de aquí se abren dos posiciones, una corriente que ha considerado que "la concepción de los derechos del hombre es una concepción histórica, dinámica, que implica el progresivo reconocimiento, respeto y tutela jurídicas del hombre considerado en su integridad como individuo y persona irrepetible".

Simplificando, las diferencias entre las fundamentaciones jusnaturalistas y las historicistas, serían las siguientes:

a) Derechos naturales, universales y absolutos versus derechos históricos, variables y relativos.

b) Derechos humanos anteriores y superiores a la sociedad y al derecho que la sociedad produce versus derechos humanos resultado del devenir y de la evolución de la sociedad.

No puede negarse el desarrollo histórico de los derechos humanos en los procesos de positivización, generalización, extensión e internacionalización. Hay autores que, han reafirmado la consideración de los derechos humanos como un concepto histórico propio del mundo moderno. (Peces Barba)

Otro planteo novedoso es el de la fundamentación ética de los derechos humanos. Se ha dicho que como entre dos fuegos, y como una manera de superar las dificultades de las teorías jusnaturalistas y las historicistas, ha surgido la llamada fundamentación ética, presentando a los derechos humanos como "derechos morales". Esa es la posición de autores como Carlos S. Nino y Eusebio Fernández.

En ese nuevo tipo de justificación de los derechos humanos se considera que en cuanto a su origen los derechos humanos no son una creación del derecho positivo, pues estos derechos aparecen como "exigencias éticas y derechos que los seres humanos tienen por el hecho de ser hombres".

Reconociendo el valor del derecho positivo, y por supuesto de la corriente historicista, los partidarios de estas teorías admiten que éstos carecerían de efectividad si el derecho positivo no se ocupara de reconocerlos, convertirlos en normas jurídicas y garantizarlos debidamente. Asimismo, los autores clasifican a los derechos humanos en derechos morales y derechos. Los derechos morales, por una parte, son los que "tienen que ver estrechamente con la idea de dignidad humana y pueden ser considerados como derechos humanos fundamentales". Los "derechos", por otra parte, serían los derechos positivos y como dice Nino, "a cada derecho humano como derecho moral le corresponde paralelamente un derecho en el sentido estrictamente jurídico del término".

Según nuestro punto de vista, advertimos que las diversas fundamentaciones se han instalado dialécticamente, exigiendo el desalojo de cada una de ellas.

Sin dudas, nos hallamos en un el laberinto, cada vez más adentrados y cada vez más lejos de la salida. Ahora no podemos volver al punto de partida y salir es entrar en un nuevo laberinto. 

Por ese motivo, por ahora nos quedamos perdidos entre las teoría y vamos, pues a la práctica del disvalor, esto es de la corrupción. 

2.- La ética como remedio contra la corrupción . 

Ya hemos visto las fundamentaciones téoricas que nos señalan el porqué de insistir en la ética ante el disvalor de la corrupción. 

Veamos, pues, cuánto le cuesta a una sociedad la corrupción. De entrada decimos que es difícil de medir esos costos.

En estudios recientes se ha determinado que altos niveles de corrupción están asociados a bajos niveles de inversión y crecimiento. La corrupción reduce la eficiencia de las políticas industriales y promueve las negociaciones por canales no oficiales violando regulaciones y leyes impositivas. Además, se desalienta la inversión directa extranjera al no poder proveerse la seguridad jurídica necesaria y por el aumento en costos que significa la corrupción. 

Esta última conclusión es alcanzada mediante estudios econométricos sobre varias economías que llegan a determinar aproximadamente que el crecimiento hubiera sido superior de mediar una concepción de orden ético. Verdaderamente, con los ejemplos que tenemos a la vista no es necesario ser economista para reconocer lo expuesto.

Investigadores del Banco Mundial lo han acreditado: la corrupción reduce la inversión total y limita la inversión extranjera directa, pero incentiva al exceso en la inversión pública en infraestructuras; muchas obras, porque en un desierto no hay lugar para la corrupción.

Sin dudas hay que elaborar reformas. Las reformas a este nivel, requieren de cambios en las estructuras constitucionales y de la relación subyacente entre el mercado y el Estado. Aquí entran la visibilidad y transparencia que se le dan a las políticas para combatir la corrupción, estas son muy importantes en cuanto a que modifican la percepción y la cultura de la ciudadanía. De esta forma se logra la cooperación entre sociedad y Estado para combatir la corrupción.

Por último, se considera la dificultad de implementar las reformas. Hay que tener en cuenta primero aspectos de orden internacional: los roles de la comunidad internacional, los organismos de ayuda financiera, cuerpos económicos y políticos multinacionales, etc. Aclaro que no me referiré a la Convención Interamericana contra la corrupción de la OEA , que requeriría un desarrollo especial.

En segundo lugar, las propuestas de reformas requieren de la voluntad política interna para ser llevadas a cabo. Por eso y como conclusión preliminar se puede decir que afirmando la independencia del Poder Judicial y el establecimiento efectivo de los Derechos Humanos surge como consecuencia inevitable la reducción de la corrupción.

Se ha dicho con razón que no existe una receta que sea aplicable para todos los países y las reformas tienen que ser pensadas y adaptadas a modo de no crear solamente un "sistema de integridad/honestidad", sino también cambios fundamentales en la forma en que el estado conduce su actividad.

Con relación a este tema, Borges decía que "a los argentinos, esta idea de Hegel de que el Estado es una idea abstracta nos parece una broma macabra" y hay un pie de página en el ensayo de Borges que dice "los argentinos sólo concebimos las relaciones personales, el Estado es impersonal, por eso para nosotros robar dinero público no es delito" y agrega "describo un hecho, no lo justifico ni apruebo". En otro ensayo con esa ironía genial decía que "a nosotros nos convendría un sistema político como el suizo donde las cosas funcionan más o menos bien, la gente prácticamente ni conoce el nombre de los que gobiernan, pero todo es más o menos razonable; el único problema es que nos llevaría unos 300 años y mientras tanto hay que embromarse". 

La pregunta es inevitable ¿Debemos esperar 300 años para que la cuestión se solucione? Recuerdo la frase de Keynes que decía que a largo plazo estamos todos muertos.

Creo que habría que plantear una reingeniería del sistema, un verdadero rediseño, como algunos autores lo han propuesto, tomando en consideración a la ética como un tipo de saber de los que pretenden orientar su acción en un sentido racional: un tipo de saber racional que esta orientado a la acción. 

En ese contexto coincido con una sociedad pluralista en la que conviven personas y grupos que proponen distintas éticas de modo máximo que ninguno pueda imponer a los demás sus ideales de felicidad, sino que a los sumo puede invitarlos a compartirlos a través del dialogo y del testimonio personal dentro de una sociedad auténticamente democrática, pero con un mínimo común denominador que hace a la subsistencia del sistema. 

Recordemos que una sociedad totalitaria se presenta cuando un grupo impone a los demás sus éticas de máximo, sus ideales de felicidad y los que no la comparten son sancionados o discriminados. 

De ahí, entonces que ese mínimo ético innegociable debería considerar a la lucha contra la corrupción como una pieza insustituible, no solo para generar estabilidad e independencia en los poderes del Estado, sino especialmente como elemento para generar entre los miembros un tipo de identidad en la cual las personas se reconozcan y se sientan pertenecientes. Ese punto en que se pongan en armonía los sistemas formales y los códigos operativos dentro de un esquema que permita superar el déficit de identidad. 

Proponemos elaborar un recipiente, un contenedor que permitirá una aproximación entre los semejantes, entre los que se plantean la pelea fuerte y la lucha contra la corrupción y aquellos que la apoyan, la toleran y consienten.

Por eso, uno de los desafíos de esta época es el diseño de una teoría y práctica de la ciudadanía ligada a las teorías de la democracia y de la justicia con derechos humanos. Allí actúa la ética y se difunde por medio de los derechos humanos trasversalizados.

Para este propósito, el concepto de ciudadanía civil, política y social dentro de una sociedad urbanizada, secularizada y modernizada consideramos que es esencial. 

Ese es el objetivo y en ese objetivo los derechos humanos refuerzan a la ciudadanía e interactúan en el conjunto generando una sinergia propia, que al mismo tiempo opera como un sustento adicional a las columnas del orden jurídico: seguridad jurídica, legalidad y razonabilidad, base para aplicar una ética difundida y trasversalizada por los Derechos Humanos no sólo en el Poder Judicial, sino en todos los poderes del estado por medio del vector de la ciudadanía. 

Queda el misterio de las iniciales del autor múltiple, al que me réferi secretamente al principio y cuyo nombre todos saben, aunque doy pistas para señalarlo con estima: D.H. es .. Derechos Humanos.

19/01/2016




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