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ANTES DEL PRÓXIMO INCENDIO

  por DANIEL E. HERRENDORF

"¿Estamos listos para la lluvia ácida y la tercera Guerra Mundial? No solamente: estamos más bien ansioso."

El intento es sencillo y es imposible: comprender la vastedad de un mundo ilusorio que ha generado para sí mucho dióxido de carbono, naves sin pilotos, nazis, un espacio militarizado, la bomba de neutrones y armas electromagnéticas; y paga diariamente y con ganas el precio de ese lujo en furia climática, sequías, hambrunas, discriminación, temperaturas infernales, incendios forestales, lluvias torrenciales, tsunamis, huracanes despavoridos, deforestación, desiertos nuevos y mucha sed.

¿Estamos listos para la lluvia ácida y la terceraGuerra Mundial? No solamente: estamos más bien ansioso.

Para tranquilizar esa certeza -tarea inútil- fundamos este Capítulo para las Américas del Instituto Internacional de Derechos Humanos. Y porque creemos aún vagamente en el poder de las ideas. Vagamente: una institución humanitaria es muy vulnerable de esta tierra.

Todo artículo -como éste- anticipa la emergencia de su desaparición. El fuego ha terminado muchas veces con vastas páginas y con lentos papiros. El incendio de la Biblioteca de Alejandría es el hecho capital de la historia del mundo: Bajo formas igualmente piromaníacas u otras más sutiles, la misma destrucción se repite cada tanto, acaso para estimular la imaginación de los insaciados que escriben.

Desde las piedras de Moisés -piedras angulares del orbe, piedras que no saben que sostienen la fe de este mundo- hasta los abrumadores prodigios de Guttemberg (1), las palabras de los hombres reclamaron perduración en alguna tipografía. En las cavernas de piedra se cifraban la suerte de los hombres con colores y formas de animales y letras. La suerte del gran pueblo errante -Israel, estás en todo el mundo- es declarada por otro Libro que heredamos: el Testamento.

La agonía en la tarde del madero -en que Jesús fue liberado del peso de su cuerpo y su alma habló diciendo "Oh dichosa ventura, salí sin ser notada, estando ya mi casa sosegada"(1)- fue recogida por los amantes de la fe en otro Libro que el Espíritu dictó para que las generaciones repitieran un letargo de amor: la Noticia Nueva (Ev-Angelium) o buena nueva. Son cuatro los amigos del cielo que te aguardan: Marcos, Lucas, Mateo, Pablo, que escribieron para las gargantas llenas de sed y para las llagas dolientes.

La Ciudad de Dios. Una Summa para la teología, que descifra la soledad de Dios. Las paginas que Sócrates no escribió pero que diseñó en la mente de un difuso discípulo que dejó, a su tiempo, otro: Aristóteles, que entrevió los avatares de la física. La astuta geometría de Spinoza. La voz -despavorida de tan lucida- de Santa Teresa de Jesús, "la loca de la casa". 

Decía Carlyle: Todo acaba en un libro. Todo. Las duras cavilaciones de Descartes. los leones de Milton, la rosa profunda de Virgilio, los hexámetros indivisos de Lucrecio, la tropa de metáforas de Darío. Una guerra y todas pueden estar en el viaje de Odiseo, y todas las ternuras, en un verso del Inferno de Dante: "Si fosse amico el Re dell' Universo noi preggeremo Lui per la tua pace" (2). 

El orbe está lleno de palabras. Condenados a ellas o dócilmente acostumbrados a su magia de significados, con palabras entretejemos un preciso laberinto. Desordenado, a veces caótico, el laberinto puede conocer su exageración más vasta: la biblioteca, que no es más que un libro innúmeramente repetido.

Todo texto es horroroso. Si el lector pudiera oír cada una de las voces escogidas tendría sobre sí el peso de las siete artes, de los nueve círculos, de la moderna nausea. ¿Como intentar una inscripción ordenada para un texto que reclama el caos, el ejercicio permanente del caos? 

En los Derechos Humanos se mezclan las voces de quienes escribieron para la memoria o para el fuego, para el amor o la muerte. Letras para la memoria, para simplificar la tristeza, para aligerar el paso del tiempo -tiempo agreste de la vida que se queda con todo-. Letras salvadas de la pesadumbre del fuego: hogueras de amor, todo se quema.

En esta tarea hay algo arcano, íntimo: la decisión de levantar una especie de solidez alrededor de unas cuantas palabras bien escogidas. Como si se tratara de un deber, como si el próximo incendio de la infinita biblioteca fuera a suceder mañana, la pasión por los textos condujo a editar esta revista, que concebimos para tratar de explicarnos un mundo inhóspito, frío y desdichado. 

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(1) - San Juan de la Cruz.

(2) - ?Si fuese amigo el Rey del universo, le pediríamos por tu paz?, dice Francesca al Dante en el I Círculo del Inferno; habla por ella y por Paolo, cuyo castigo incluye la mudez. Se refiere al ?Rey del universo? porque en el infierno está prohibido pronunciar el nombre del Señor.


25/01/2016




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